Alem es una zona que se caracterizó desde sus orígenes, por la calidad arquitectónico y ambiental, las características urbano paisajísticas y su destino preponderantemente residencial. En la misma aún nos podemos deleitar con pintorescas residencias, y hasta chalets de principio de siglo construídos por familias porteñas que, siguiendo diversos estilos europeos de su época, jerarquizan el patrimonio edilicio de la ciudad y forman parte de su historia arquitectónica.
En los años `80 se convirtió en la vidriera más prestigiosa de la ciudad para las firmas vinculadas a la moda y una década después, producto de la falta de planificación, de normas incumplidas y de un Estado Municipal ausente en su rol de contralor, se transforma en el corredor nocturno más importante y fuera de control de la ciudad.
Mucho se ha hablado de las consecuencias negativas que este rol significa para Alem y para la calidad de vida de sus atormentados vecinos. Muchos intereses económicos se mueven alrededor de esta zona de altísimo valor y demanda urbana, tanto por las actividades que se puedan desarrollar como por los indicadores urbanísticos que se le puedan asignar.
El Municipio ha planteado su proyecto de traslado de los bares a la Escollera Norte y esto trae hoy muchos interrogantes, como ser: ¿Qué ocurrirá con los que no están incluídos en el traslado (recordemos que son casi la mitad)? ¿Cuál será el destino de los inmuebles hoy afectados a la nocturnidad? ¿Cómo será el proceso de reconversión de este sector que debería seguir siendo comercial y residencial de baja densidad, pero sin las actividades de nocturnidad?
Creo que Alem está frente a un nuevo desafío: el de conservar el perfil de sus orígenes preservando características que hoy serían irrepetibles, escapando a la presión de quienes puedan proyectar para ella, cambios de distrito y de indicadores que significarían construcción de edificios de altura y la pérdida definitiva de un pedazo de la historia de Mar del Plata .
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