Hoy estamos viviendo las circunstancias de una campaña electoral que el kirchnerismo plantea a todo o nada; donde comenzaremos a saber si podremos superar esta etapa de decadencia institucional e intolerancia, y recorrer juntos un camino de paz y prosperidad.
El matrimonio presidencial se ha olvidado de buscar el consenso, de dialogar, de escuchar, de no ver en el otro un enemigo sólo porque piense diferente. Para el radicalismo la democracia siempre se fortalece en la discrepancia y las unanimidades son caminos del totalitarismo
Creo que la presidente no cumple con un deber fundamental del gobernante, que es hacer docencia democrática todos los días, aportando a la paz social. Y ahora, casi fuera de control, van a poner la institucionalidad en crisis, con el único fin de evitar un desastre electoral para su partido. Creo, humildemente, que se equivocan. No obstante, desde nuestro lugar, la U.C.R., seguiremos levantando banderas de unión nacional, entre todos los argentinos y buscando un diálogo político que hoy, por la visión de los dirigentes de la oposición no peronista existe, pero que no se da con los políticos del oficialismo.
Más que nunca debemos asumir una responsabilidad mayúscula de parte de los partidos políticos y de los hombres y mujeres políticos sin excepción. Tenemos que decir la verdad de lo que pasa, ayudar a que haya un comportamiento nacional, capaz de dar soluciones en serio a los terribles problemas de nuestra gente, que se ven con brutalidad en nuestra ciudad: la inseguridad, la droga, el desempleo, la violencia social, la crisis del campo y de la pesca, columnas de nuestra economía, la crisis estructural del sistema educativo, el enfrentamiento permanente entre argentinos, el hambre, que en nuestra Provincia es fruto de la inmoralidad de quienes hace 20 años nos gobiernan y mantienen los niveles de pobreza porque es funcional a su práctica clientelar.
Creo que debemos profundizar el significado de la democracia, que no es una competencia salvaje y por cualquier medio por el voto de la gente, sino una forma de vida, una filosofía, que nos debe obligar a trabajar por los pilares fundacionales de nuestro partido: la libertad, la república, la causa de los desposeídos, la dignidad del hombre y la mujer, la solidaridad y la justicia social, bandera que el justicialismo ha abandonado y que debe ser el eje de este nuevo radicalismo.
La U.C.R. a través de su historia ha participado en cientos de elecciones. Ha ganado y ha perdido; y cuando ha perdido, como nos ha ocurrido aquí, ha aceptado el lugar donde lo pusieron los ciudadanos, y desde allí ha trabajado por la institucionalidad, la democracia y la república. Y este sigue siendo nuestro desafío.
Por eso, no los radicales, sino el País y la ciudad necesitan un radicalismo fuerte y consolidado, con sus principios, con el legado de aquellos correligionarios como Alem, Yrigoyen, Sabattini, Lebenhson, Larralde, Illia, Balbín, Alfonsín y tantos otros, que han dejado plasmada su voz y su lucha, en tiempos también oscuros y difíciles.
Y pongamos lo mejor de cada uno de nosotros. Un radicalismo presente, como se lo ha visto, en el Congreso, en cada legislatura y en cada municipio. Sólo nosotros podemos hacer que esto sea posible. Por eso, correligionarios y amigos, es hora de poner el acento en las coincidencias, hay una sociedad allí fuera esperando por nosotros.
El matrimonio presidencial se ha olvidado de buscar el consenso, de dialogar, de escuchar, de no ver en el otro un enemigo sólo porque piense diferente. Para el radicalismo la democracia siempre se fortalece en la discrepancia y las unanimidades son caminos del totalitarismo
Creo que la presidente no cumple con un deber fundamental del gobernante, que es hacer docencia democrática todos los días, aportando a la paz social. Y ahora, casi fuera de control, van a poner la institucionalidad en crisis, con el único fin de evitar un desastre electoral para su partido. Creo, humildemente, que se equivocan. No obstante, desde nuestro lugar, la U.C.R., seguiremos levantando banderas de unión nacional, entre todos los argentinos y buscando un diálogo político que hoy, por la visión de los dirigentes de la oposición no peronista existe, pero que no se da con los políticos del oficialismo.
Más que nunca debemos asumir una responsabilidad mayúscula de parte de los partidos políticos y de los hombres y mujeres políticos sin excepción. Tenemos que decir la verdad de lo que pasa, ayudar a que haya un comportamiento nacional, capaz de dar soluciones en serio a los terribles problemas de nuestra gente, que se ven con brutalidad en nuestra ciudad: la inseguridad, la droga, el desempleo, la violencia social, la crisis del campo y de la pesca, columnas de nuestra economía, la crisis estructural del sistema educativo, el enfrentamiento permanente entre argentinos, el hambre, que en nuestra Provincia es fruto de la inmoralidad de quienes hace 20 años nos gobiernan y mantienen los niveles de pobreza porque es funcional a su práctica clientelar.
Creo que debemos profundizar el significado de la democracia, que no es una competencia salvaje y por cualquier medio por el voto de la gente, sino una forma de vida, una filosofía, que nos debe obligar a trabajar por los pilares fundacionales de nuestro partido: la libertad, la república, la causa de los desposeídos, la dignidad del hombre y la mujer, la solidaridad y la justicia social, bandera que el justicialismo ha abandonado y que debe ser el eje de este nuevo radicalismo.
La U.C.R. a través de su historia ha participado en cientos de elecciones. Ha ganado y ha perdido; y cuando ha perdido, como nos ha ocurrido aquí, ha aceptado el lugar donde lo pusieron los ciudadanos, y desde allí ha trabajado por la institucionalidad, la democracia y la república. Y este sigue siendo nuestro desafío.
Por eso, no los radicales, sino el País y la ciudad necesitan un radicalismo fuerte y consolidado, con sus principios, con el legado de aquellos correligionarios como Alem, Yrigoyen, Sabattini, Lebenhson, Larralde, Illia, Balbín, Alfonsín y tantos otros, que han dejado plasmada su voz y su lucha, en tiempos también oscuros y difíciles.
Y pongamos lo mejor de cada uno de nosotros. Un radicalismo presente, como se lo ha visto, en el Congreso, en cada legislatura y en cada municipio. Sólo nosotros podemos hacer que esto sea posible. Por eso, correligionarios y amigos, es hora de poner el acento en las coincidencias, hay una sociedad allí fuera esperando por nosotros.